Olha
Joyas para una boda: de la novia a la invitada
Tres papeles distintos y tres criterios distintos. El error habitual es aplicar el de la novia siendo invitada.
La novia va de blanco, así que su joya es lo único con color que lleva encima. Puede permitirse una pieza grande y puede permitirse color de verdad, porque no compite con nada. Lo que no debe hacer es elegir algo que no se pondrá nunca más: cuesta lo mismo que una pieza que sí.
La madrina o la madre tiene el problema contrario: suele ir de un color fuerte y la joya tiene que convivir con él. Ahí funcionan las piezas de tono neutro con un solo acento, y funcionan mal los ramos multicolor.
La invitada tiene la libertad completa y la desperdicia casi siempre por prudencia. Es el único evento del año donde una pieza grande está bien vista, y la mayoría acaba con algo discreto que ya tenía.
Y un aviso práctico, que es el que nadie da: si la ceremonia es al aire libre y en verano, evita las piezas que rocen el cuello. Con calor, ocho horas de roce se notan.




