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El primer encargo que acepté
Nuestra historia

Olha

El primer encargo que acepté

Una amiga quería un ramo de novia que no se marchitara. Dije que sí sin saber si podría hacerlo.

Llevaba un año modelando flores por afición cuando una amiga me preguntó si podía hacerle algo para su boda. Quería llevar las flores de su abuela, y las flores de su abuela llevaban veinte años secas dentro de un libro.

Me pasó una foto de aquellas flores prensadas, sin color, casi transparentes. Le dije que sí antes de pensar si sabía hacerlo.

Tardé tres semanas. Rehíce el ramo cuatro veces porque el tono no salía: una flor prensada no tiene el color que tuvo, tiene el que le queda, y había que decidir cuál de los dos reproducir. Al final elegí el que debió tener.

Se lo di dos días antes de la boda y se echó a llorar, que es lo que pasa cuando devuelves algo que la gente daba por perdido.

Ese fue el momento en que dejé de pensar que esto era un pasatiempo. No por el dinero, que no cobré, sino porque entendí para qué servía.

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